¿Cuáles deberían ser las funciones parentales durante una crisis mundial como esta?
Despues de cinco meses de
aislamiento forzado ¿Cómo transitan las
familias esta realidad tan compleja? ¿Cómo concilian en este contexto el trabajo
con la familia? Si esto ya era difícil en nuestra vida pre-pandemia el desafío
actual es superlativo. ¿Cuáles son las funciones parentales durante una crisis
como esta?
Durante
cualquier situación de crisis las funciones parentales se alteran, se desordenan,
se agudizan las disfunciones familiares. Sin embargo estas funciones siempre
siguen siendo las mismas: sostén y corte, o acompañamiento y puesta de límites.
El acompañamiento, función amparadora primaria, se refiere al cuidado físico- psíquico y a la contención y ayuda en el control de las emociones de nuestros hijos/as. La puesta de límites, función ordenadora, alude a los padres como representantes de una ley de la cultura que transmite lo permitido y lo prohibido. En niñas y niños pequeños esta función es ejercida exclusivamente por los adultos, cuando se trata de adolescentes podemos enmarcarla en espacios de dialogo.
A partir de ubicar estas dos funciones dirigidas a la constitución y apuntalamiento del psiquismo podemos pensar algunas cuestiones puntuales para este contexto de aislamiento. En primer lugar, destacar que en situaciones excepcionales como esta las excepciones pueden y deben ocurrir: necesitamos recurrir a permisos especiales.
Es importante mantener rutinas y hábitos, aunque no necesariamente los que teníamos fuera de cuarentena. Las rutinas permiten sentir cierto nivel de certeza y de control en el mundo que nos rodea, funcionan como organizadoras en un contexto donde todo parece ser incertidumbre. Por otro lado es necesario crear y no invadir espacios íntimos y personales para los miembros de la familia. Y por último, fomentar espacios de intercambio donde se armen acuerdos de convivencia que incluyan la distribución de las tareas del hogar entre sus integrantes de acuerdo a las posibilidades de cada uno.
Los adultos también tenemos que revisar lo que decimos, cuándo y cómo, respecto de la pandemia. No es fácil mantener la calma cuando uno mismo se siente angustiado, triste, enojado, superado. Estas sensaciones son propias del momento que atravesamos. Registrar esto evitará que terminemos descargando nuestros propios enojos sobre nuestros hijos e hijas. Evitemos miradas autocríticas y exigentes que nos lleven a un callejón de amargura y frustración y nos empuje en una espiral descendente.
Seamos amorosos y compasivos con nosotros mismos mientras atravesamos este camino inédito. Estamos haciendo lo mejor que podemos por nosotros y por nuestras familias.
